viernes, 31 de octubre de 2008

obeso=menos placer

LIBERACIÓN DE DOPAMINA
El cerebro de las personas obesas siente menos satisfacción con la comida

Las personas con los circuitos de la recompensa alterados tienen más riesgo de engordar
Los factores genéticos y ambientales se combinan en el origen de la obesidad
El Mundo, jueves 16/10/2008

MARÍA VALERIO
MADRID.- Un batido de chocolate y una resonancia magnética. Eso es lo que han necesitado investigadores de varias universidades estadounidenses para descubrir que el cerebro de las personas obesas siente menos satisfacción al comer. Un estudio que acaban de publicar en la revista 'Science' demuestra que las personas con menor actividad en los circuitos cerebrales que regulan la recompensa y el placer tienen más riesgo de ganar peso. Este efecto es más pronunciado en aquellas con un defecto genético relacionado con la dopamina, el neurotransmisor de las sensaciones placenteras.
Hasta ahora se sospechaba que las personas con obesidad comían en exceso para compensar su falta de placer al comer; sin embargo, ésta parece ser la primera evidencia fisiológica de por qué ocurre esto. Mientras comemos, el cerebro segrega dopamina, un neurotransmisor cerebral relacionado con las sensaciones placenteras; cuanto más nos gusta los que estamos probando, más dopamina produce el cerebro.
Ya se sabía, además, que los obesos tienen menor cantidad de receptores de la dopamina en su cerebro (concretamente en la zona del estriato dorsal que regula las 'recompensas'), lo que les obliga a comer abundantemente para compensar este déficit. "Las personas con menos receptores deben tomar más cantidad de una sustancia, bien sea alimentos o una droga, para experimentar los mismos niveles de placer", subraya uno de los autores, Eric Stice.
Para sus investigaciones, tres científicos de las universidades de Oregon y Yale (ambas en EEUU) estudiaron a dos grupos de mujeres diferentes. Cuarenta y tres de ellas tenían entre 18 y 22 años y un índice de masa corporal (IMC) de 28,6 (por encima de 25 se considera que la persona tiene sobrepeso); el segundo grupo estaba compuesto por adolescentes entre los 14 y los 18 años que tenían un IMC de 24,3.
Utilizando la resonancia magnética funcional, los especialistas observaron cómo reaccionaba el cerebro cuando las mujeres saboreaban un batido de chocolate o bien una sustancia insípida. Curiosamente, aquellas que habían mostrado menor activación del estriato dorsal mientras bebían chocolate eran las que mostraron mayor ganancia de peso durante el año siguiente en el que los investigadores estuvieron controlando su báscula.
"Creo que estamos viendo cada vez más una interacción entre factores culturales (como la abundancia de comida rica en grasas o el sedentarismo) y riesgo genético", explica Stice a elmundo.es. "No todo el mundo desarrolla obesidad en la cultura actual, por lo que parece que ambos elementos contribuyen a su aparición, no parece suficiente con uno solo de ellos".
El papel de los genes
Las imágenes cerebrales también señalaron que la reacción del estriato ante la comida también se veía mermada en el caso de las mujeres que tenían una particularidad genética. Concretamente, los especialistas observaron esta reacción en las participantes con el alelo A1 en el gen Taq1, que está relacionado con el número de receptores de la dopamina que hay en el cerebro.
"Estas conclusiones demuestran que una función deficiente de los circuitos de la recompensa está relacionada con una ganancia de peso poco saludable en el futuro", subraya Stice, un investigador que lleva casi 20 años dedicado al estudio de la obesidad. "De esta manera es posible que algunas intervenciones comportamentales y farmacológicas dirigidas a mitigar ese déficit ayuden a prevenir y tratar la obesidad en algunas personas".
"Estas evidencias demuestran que existe un factor de vulnerabilidad fisiológica que predispone a la aparición de la obesidad", subraya Stice, "y el hecho de que esta relación sea especialmente destacada en personas con una peculiaridad genética nos apunta hacia un importante factor biológico que parece aumentar este riesgo".
Precisamente son estos factores biológicos, como apunta otra de las investigadoras, Cara Bohon, de Oregon, a los que habrá que apuntar mediante algún tipo de intervención para prevenir la obesidad. "La novedad del trabajo radica en que hemos utilizado la respuesta del cerebro ante la comida para ser capaces de predecir un futuro aumento de peso", señala por su parte Dana Small, la tercera firmante.
Sin embargo, y a pesar de su optimismo, reconocen que no se puede descartar tajantemente que sus descubrimientos reflejen una adaptación del cerebro a la sobrealimentación; es decir, que esta falta de placer sea la consecuencia, y no la causa, de la obesidad. "Comer demasiados alimentos poco sanos provoca una alteración de los receptores de dopamina", explica Stice a este periódico. "La gente empieza a comer productos ricos en grasas, lo que hace que no puedan dejar de alimentarse con estos productos porque necesitan cada vez más para estar satisfechos, como en una espiral ascendente".

miércoles, 29 de octubre de 2008

odio=circuito cerebral del amor

El circuito cerebral del odio - El odio transcurre por una red neuronal única, aunque comparte áreas con el amor


ISABEL F. LANTIGUA 29/10/2008 El Mundo
MADRID.- La última novedad en torno a Barack Obama, el candidato a la presidencia de EEUU, es que dos neonazis habían urdido un plan para acabar con su vida. En este caso, las razones del odio hacia el aspirante negro son raciales pero puede haber otras muchas motivaciones. ¿Por qué se odia a alguien? ¿Qué pasa en el cerebro de estas personas? Un equipo de investigadores británicos lo ha descubierto.
El odio es un sentimiento biológico complejo que, a través de la historia, ha llevado a los individuos a cometer tantos actos heroicos como viles. Lo mismo que puede decirse del amor. Y es que lo primero que han descubierto los investigadores del Laboratorio de Neurobiología del University College de Londres es que ambas pasiones comparten dos estructuras cerebrales, una semejanza mayor que la presentada con cualquier otra emoción. Por eso, el dicho popular afirma que 'del amor al odio sólo hay un paso'.
Para descubrir 'el circuito del odio', que es único, los investigadores observaron mediante imágenes de resonancia magnética el cerebro de 17 individuos -10 hombres y siete mujeres- mientras veían fotos de caras de personas por las que sentían una seria animadversión (cedidas por cada participante) alternadas con otros rostros neutrales, que no despertaban en ellos ningún tipo de sentimiento.
De esta forma vieron las áreas neuronales que se activan al odiar. Sus resultados, que se publican en la revista 'PLoS One', muestran que la red que se pone en marcha con esta pasión irracional implica a dos regiones que juegan un papel importante a la hora de generar un comportamiento agresivo y en trasladar posteriormente esta conducta a la práctica. Dichas zonas son el putamen �un núcleo situado en el centro del cerebro-, y la ínsula �en la superficie lateral de dicho órgano-.
Los investigadores explican que "estas mismas áreas son las que se activan en el amor romántico".
Varios trabajos han demostrado que entre las funciones en las que participa la ínsula se encuentra la de catalizar las expresiones de disgusto y los estímulos desagradables, mientras que el putamen es el encargado de planificar la respuesta activa, como puede ser agredir a la persona odiada o adoptar una actitud de defensa.
"El hecho de que las zonas del putamen y la ínsula también se activen por el amor romántico no es sorprendente, ya que ambas pasiones pueden conllevar actos irracionales y agresivos", explica a elmundo.es Semir Zeki, coordinador de la investigación.
Los canales propios
Pero junto a estas regiones, el 'circuito del odio' transcurre por vías propias y distintas a la de otros sentimientos. Así, se adentra en la corteza frontal, encargada entre otras cosas de predecir y anticipar las acciones de los otros.
Además, los autores han descubierto que una diferencia fundamental entre el amor y el odio es que "con el primer sentimiento se desactivan partes de la corteza cerebral relacionadas con el juicio y el razonamiento mientras que esto no se produce en el caso del odio, que sólo es capaz de desactivar una pequeña zona localizada en la corteza frontal".
"Mientras el amante es siempre menos imparcial y no atiende al sentido común en lo que respecta a la persona amada, el individuo que odia no suele perder el juicio sino que es muy consciente de los pasos que da y las acciones que emprende contra el individuo odiado", señalan los investigadores.
Asimismo, el trabajo descubre que el odio tampoco comparte un patrón cerebral con otros sentimientos con los que podría tener algo que ver, como la ira, el enfado o el miedo. La amígdala, el cingulado anterior, el hipocampo, las regiones medio temporales y la corteza orbifrontal no tienen ninguna función para odiar pero sí son importantes para los otros sentimientos mencionados. Otro de los hallazgos del equipo británico es que cuanto mayor es el odio que se siente hacia una persona, mayor es la actividad en las áreas cerebrales implicadas.
Para Zeki, además de ayudar a comprender mejor el funcionamiento del cerebro humano, "el descubrimiento puede tener implicaciones en otros ámbitos, como por ejemplo en los juicios a criminales". "Cada vez sabemos más del cerebro. Si es ético o biológicamente deseable interferir en estas emociones básicas humanas es otra cuestión que la sociedad debatirá a su debido tiempo", concluye.

resfriado=excesiva reacción inmune

QUÉ OCURRE CUANDO NOS ACATARRAMOS
El resfriado altera la expresión de cientos de genes relacionados con la respuesta inmune


ELMUNDO.ES 29/10/2008
MADRID.- Cuando uno de los 200 virus causantes del resfriado común, el rinovirus, entra en contacto con el ser humano, se produce una alteración en la expresión de muchos genes que están implicados en la respuesta inmunológica del organismo. Es esta reacción inmune exagerada y no el virus por sí mismo, la que provoca los característicos síntomas del constipado, según un nuevo estudio sobre el tema.
La investigación, que se publica en las páginas de la revista 'American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine', representa el primer estudio que ha evaluado la respuesta del genoma humano ante el rinovirus, causante de la mayoría de resfriados. En esta investigación, científicos de la Universidad de Calgary (en Canadá) y de Virginia (EEUU) han colaborado con investigadores de Procter&Gamble, uno de los principales fabricantes mundiales de productos para aliviar los síntomas del catarro.
Sin embargo, como destaca uno de los autores, el doctor David Proud, el rinovirus no sólo está detrás del 30%-50% de los resfriados, sino que está implicado también en otras patologías respiratorias, como el asma, la otitis, la sinusitis o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (más conocida por sus siglas, EPOC).
El ensayo contó con la participación de 35 voluntarios sanos, todos ellos estudiantes universitarios. Mientras 18 de ellos constituyeron el grupo de control (se les administró con un espray una solución salina inocua), a los otros 17 que aceptaron 'resfriarse' se les infectó el rinovirus-16 para poder obtener después mediante un pequeño frotis una muestra de las células epiteliales de sus fosas nasales (raspando mediante un pequeño bastoncillo).
En las primeras ocho horas después del aerosol vírico, los científicos no observaron ninguna diferencia genética entre los voluntarios resfriados y el resto. Sin embargo, dos días después de que inocular el virus, los investigadores observaron que el rinovirus había desencadenado una respuesta masiva, desproporcionada en comparación con la amenaza real que supone este patógeno para el organismo.
Tecnología genómica
Gracias a la última tecnología genómica, que permite observar la actividad de cientos de genes simultáneamente, los investigadores observaron cuáles de ellos estaban más activos tras la exposición al virus (llegando a detectar hasta 6.530 diferencias). Algunos de ellos participan en un proceso conocido como quimiotaxis, que utiliza el organismo para captar varias células inmunes y detener la infección, y que estarían relacionados con síntomas como el goteo de nariz, la congestión y la inflamación.
Otro grupo de genes observados son aquellos que generan compuestos antivirales para ayudar a prevenir las infecciones. De hecho, uno de los compuestos antivirales que generaron las células del epitelio nasal de los voluntarios resfriados es la proteína viperin, de la que ya se sabía que ayuda al organismo a defenderse del virus de la gripe. Es decir, añaden, que el cuerpo genera una respuesta inmune ante un catarro similar a la que genera cuando se enfrenta a una agresión vírica mayor, como la gripe.
Para concluir, el estudio observó que durante el resfriado se producen cambios en la expresión genética que indican una reducción en las defensas antioxidantes naturales del organismo. Por ello, se atreven a recomendar que se repongan estos antioxidantes que se pierden durante el catarro para ayudar al organismo a recuperarse cuanto antes. Se calcula que la población adulta mundial sufre un catarro entre dos y cinco veces al año, principalmente en otoño e invierno, que es cuando el rinovirus se encuentra más activo.